Finanzas personales

¿Ganas más dinero, pero nunca te alcanza? La historia de Nicanor y Ernestino

Los hábitos financieros importan más que el sueldo.

Tener un buen sueldo no garantiza una buena salud financiera. Muchas personas creen que el problema es cuánto dinero ganan, cuando en realidad el verdadero problema suele estar en cómo lo administran.

Todos conocemos a alguien que gana un muy buen sueldo, pero siempre está corto de dinero.

Y también conocemos a esa persona que, sin tener ingresos extraordinarios, parece vivir tranquila, ahorrar e incluso invertir.

Hace algunos años conocí dos casos que ilustran perfectamente esta diferencia. Para proteger su identidad los llamaré Nicanor y Ernestino.

Todo comenzó con un simple almuerzo

Cada vez que salíamos a almorzar ocurría exactamente lo mismo.

Cuando llegaba la cuenta, Ernestino pagaba cerca de $20.000. En cambio, la cuenta de Nicanor rara vez superaba los $6.000.

Al principio pensé que simplemente tenían gustos distintos.

Con el tiempo descubrí que era mucho más que eso.

Antes de salir con amigos, Nicanor acostumbraba comer una ensalada con proteína en su casa. Llegaba al restaurante con el hambre controlada y pedía algo pequeño para acompañar la conversación.

Ernestino hacía exactamente lo contrario. Aprovechaba la salida para almorzar, pedir un trago y, si había espacio, terminar con un postre. Al despedirse era común verlo pasar a comprar algo para llevar a su casa.

Ninguna de esas decisiones parecía importante por sí sola.

Pero cuando un hábito se repite varias veces por semana, deja de ser un gasto aislado y comienza a transformarse en un estilo de vida.

Dos hogares, dos formas de administrar el dinero

La diferencia entre ambos no terminaba en el restaurante.

Nicanor ganaba aproximadamente $1.700.000 mensuales y su esposa aportaba cerca de $4.400.000. Entre ambos administraban un ingreso familiar cercano a los $6.100.000 al mes.

Tenían dos hijos, una vivienda con crédito hipotecario, pagaban contribuciones y utilizaban una sola tarjeta de crédito. A pesar de todas esas responsabilidades, mantenían capacidad de ahorro.

Ernestino, por su parte, tenía un sueldo cercano a $3.000.000 mensuales. Además, recibía alrededor de $5.000.000 al año en retiros de utilidades de su empresa, mientras que su esposa aportaba aproximadamente $1.100.000 al mes.

No tenían hijos. No pagaban un crédito hipotecario porque no poseían vivienda propia. Sin embargo, utilizaban tres tarjetas de crédito y nunca lograban ahorrar.

Mientras Nicanor salía a comer fuera de casa una vez al mes, Ernestino lo hacía varias veces por semana.

Mientras uno cocinaba la mayoría de sus comidas, el otro veía normal almorzar en restaurantes o pedir comida con frecuencia.

La conversación que explicó todo

Meses después entendí por qué.

Una tarde, Ernestino me confesó que estaba sin dinero.

No era porque hubiera perdido el trabajo.

Tampoco porque hubiera enfrentado una emergencia médica.

Simplemente vivía en un constante bicicleteo financiero.

Cuando agotaba el cupo de una tarjeta de crédito comenzaba a utilizar la siguiente. Cuando esa también llegaba al límite, recurría a una tercera. En varias ocasiones solo alcanzaba a pagar el monto mínimo, dejando que los intereses siguieran creciendo.

Lo que más me llamó la atención fue que, objetivamente, Nicanor tenía una carga financiera mucho mayor.

Dos hijos significan gastos permanentes en alimentación, educación, salud, transporte, vestuario y actividades.

Aun así, era él quien llegaba tranquilo a fin de mes.

Ernestino, con menos responsabilidades familiares, vivía permanentemente al límite.

La diferencia nunca estuvo en el sueldo

La diferencia estuvo en los hábitos.

Como ha demostrado Richard Thaler, uno de los principales exponentes de la economía conductual, nuestras pequeñas decisiones cotidianas tienen un impacto mucho mayor en nuestras finanzas de lo que solemos imaginar. En su investigación explica que las personas no siempre toman decisiones racionales con el dinero; por el contrario, suelen dejarse llevar por hábitos, impulsos y sesgos que, repetidos en el tiempo, terminan definiendo su situación financiera.

Richard Thaler, premio Nobel de Economía y referente de la economía conductual
Richard Thaler, referente de la economía conductual

“No ahorres lo que queda después de gastar; gasta lo que queda después de ahorrar.”

— Warren Buffett

La frase parece sencilla, pero cambia completamente la forma de administrar el dinero.

Muchas personas esperan ganar más para comenzar a ahorrar.

La experiencia demuestra que normalmente ocurre lo contrario: cuando aumenta el ingreso, también aumenta el nivel de gasto.

En economía personal este fenómeno se conoce como inflación del estilo de vida. A medida que aumentan los ingresos, también aumentan los gastos en restaurantes, viajes, suscripciones, ropa, vehículos y otros consumos que antes parecían innecesarios. El resultado es que el ahorro nunca llega, sin importar cuánto aumente el sueldo.

La principal lección

La historia de Nicanor y Ernestino me dejó una enseñanza que considero una de las reglas más importantes de las finanzas personales.

La salud financiera depende mucho menos del dinero que ganas y mucho más de los hábitos que repites todos los días.

No siempre termina acumulando más patrimonio quien tiene el sueldo más alto.

Muchas veces lo hace quien aprende a controlar sus gastos, evita caer en la inflación del estilo de vida y convierte el ahorro en un hábito antes que en una meta.

Porque al final, el patrimonio no se construye con grandes decisiones aisladas. Se construye con cientos de pequeñas decisiones que tomamos todos los días.

Para que no te ocurra lo de Ernestino, usa la calculadora de Konomit para ordenar los gastos de tu hogar.

Equipo Konomit